El subtitulado. Una especialización diferente

Es común asociar el trabajo del subtitulador a la traducción de películas, series, documentales y programas de televisión. Sin dudas, a juzgar por la cantidad de señales que vemos en la televisión, gran parte del caudal de trabajo del traductor audiovisual está relacionado con esas cuatro posibilidades. Pero ¿eso es lo único que se subtitula en el mercado actual?

Hoy en día, la variedad de videos que requieren el trabajo de un traductor experimentado y con conocimientos de las técnicas del subtitulado puede ser muy amplia. Podemos pasar de la traducción de una conferencia de 120 minutos de un veterinario sobre la hematología de los perros y los gatos a una publicidad de un auto que está próximo a salir a la venta y que solo dura unos pocos minutos. En el medio, podemos encontrarnos con videos institucionales de una empresa, tutoriales para usar una herramienta informática o un curso específico sobre extracción de petróleo.

El subtitulado es una especialización diferente porque no se limita a un área temática determinada, sino que es, simplemente, una forma de traducir, un formato en el que debemos entregar la traducción independientemente del tema en cuestión. Conocer las técnicas y herramientas propias de esta especialización nos permite ofrecerles a nuestros clientes un valor agregado y brindar un servicio completo y profesional.

Mariana Costa

Aprovechamos la nota para comentarles que, el 1.º de diciembre, Morett Capacitación para traductores organiza la primera jornada de introducción al subtitulado en La Plata. Los interesados pueden visitar el evento en Facebook para obtener más información o escribir a jornadas@morettweb.com.ar.

Sobre la importancia de capacitarse en subtitulado

La traducción audiovisual es uno de los rubros que más atrae a los profesionales traductores, en especial durante los primeros años de carrera. Paradójicamente, el mercado del subtitulado está inundado de personas que trabajan como traductores audiovisuales sin ningún tipo de formación en traducción, y ni hablar en subtitulado. Esto se debe a un factor condicional muy importante: las tarifas. Es común leer sobre la indignación de varios colegas con respecto a cuáles son las tarifas que se ofrecen en la traducción audiovisual, pero hay un detalle que nadie tiene en cuenta: más del 90 % de las personas que realizan los subtitulados que vemos en la televisión no son traductores. En su mayoría, son personas con un conocimiento intermedio —en el mejor de los casos— de un idioma y un total desconocimiento de las técnicas de subtitulado. Esto se ve reflejado claramente en las traducciones que aparecen en la televisión por cable, las cuales no solo tienen importantes errores de traducción, ortografía y gramática, sino que, además, muestran un pésimo armado de subtítulos.

Los problemas que se generan mediante estas traducciones mediocres son diversos. En primer lugar, los errores de traducción pueden hacer que los televidentes ajenos al idioma de origen no entiendan una gran parte de las situaciones que se producen en el video. En segundo lugar, los errores ortográficos y gramaticales suelen sacar al espectador de la película o serie que está mirando, y esto hace que se generen críticas a toda la comunidad profesional por igual. En tercer y último lugar, los errores técnicos de subtitulado provocan, como mínimo, una distracción por parte de quien observa el video. Además, los errores de armado pueden hacer que se dificulte la lectura, dado que en su mayoría se caracterizan por ser errores de cortes incorrectos de grupos de palabras que deberían leerse en una misma línea.

Si el mundo de la traducción audiovisual contara con más profesionales, se podrían lograr dos cosas. La primera, evidentemente, mejorar muchísimo la calidad del material que se ve todos los días en las pantallas. Y la segunda, y más importante para nosotros, obtener un aumento en las bajas tarifas que se ofrecen en el mercado actual, dado que algunas productoras hacen la diferencia entre los traductores profesionales y los devenidos en subtituladores. Y esa diferencia no se ve solamente en el tipo de trabajo que se les asigna a los profesionales, sino también en las tarifas. Por experiencia propia, puedo decir que algunas de las empresas para las que trabajo pagan tarifas diferenciales a los pocos profesionales que tienen dentro de su equipo de traductores, y esta situación debería animarnos a todos los interesados en este rubro de traducción a no bajar los brazos y a seguir luchando por profesionalizar esta rama laboral.

Damián Santilli

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Aprovechamos la nota para comentarles que, el 1.º de diciembre, Morett Capacitación para traductores organiza la primera jornada de introducción al subtitulado en La Plata. Los interesados pueden visitar el evento en Facebook para obtener más información o escribir a jornadas@morettweb.com.ar.

 

Dudas mayúsculas, respuestas no tan minúsculas

Al traducir, solemos concentrarnos tanto en el contenido y la terminología que dejamos de lado la forma o, peor aún, copiamos el formato y las grafías de la lengua de origen sin pensarlo. Esto es muy frecuente, por ejemplo, en lo relacionado al uso de mayúsculas y minúsculas, pequeños grandes dolores de cabeza de traductores y correctores.

Tal como lo indica la Academia en la última Ortografía, «dado que la mayúscula se ha establecido como el término marcado, restringido, de la oposición, cada lengua ha fijado sus funciones y las normas que condicionan su empleo. Por ello podemos encontrar usos tan diversos de la mayúscula como el maximalista del alemán, lengua en la que se aplica a todos los sustantivos; el intermedio del inglés, que presenta una considerable abundancia de mayúsculas, o el del español, cuya tendencia a la minusculización ha sido notoria en los últimos tiempos».

Repasemos solo algunos de los numerosos casos de uso de la mayúscula que generan dudas y errores frecuentes en nuestro trabajo diario.
Títulos, cargos y profesiones
¿Cuál es hoy la grafía correcta de los títulos nobiliarios, nombres de dignidad y cargos o empleos? En el Diccionario panhispánico de dudas, la Academia indicaba que sustantivos como rey, papa, presidente, ministro, etcétera, normalmente se escribían con minúscula, pero podían aparecer en determinados casos escritos con mayúscula. Por ejemplo, cuando se referían a una persona concreta, sin mencionar su nombre propio: *El Papa visitará la India en su próximo viaje. No obstante, según la última Ortografía, tanto si se usan en forma genérica como si se refieren a una persona concreta, dichos sustantivos son nombres comunes y deben escribirse con inicial minúscula: El papa visitará la India en su próximo viaje; Presidirá la junta el director general de la empresa. Y, sin embargo, ¿cuántas veces nos encontramos con ejemplos como *Director General en originales y traducciones? Nada respalda esas mayúsculas, que suelen justificarse por cuestiones de respeto o jerarquía en ciertos ámbitos.

Además, si bien se sigue reconociendo la costumbre de escribir con inicial mayúscula los nombres que designan cargos o títulos de cierta categoría en textos jurídicos, administrativos y protocolarios, o en el encabezamiento de cartas —por razones de solemnidad y respeto—, hoy se recomienda seguir la norma general también en estos casos y escribirlos con minúscula.

Y en cuanto a las profesiones, los sustantivos que las designan también se escriben siempre con minúscula. Así, es incorrecto escribir con mayúscula sustantivos como médico, abogado, traductor, traductor público, etcétera, práctica tan frecuente como injustificada.

Entidades

Se escriben con inicial mayúscula los sustantivos y adjetivos que forman nombres de entidades, instituciones, organismos, departamentos o divisiones administrativas, partidos políticos, organizaciones, asociaciones, etcétera. Algunos ejemplos incluidos en la Ortografía: Cámara de los Comunes, Ministerio de Sanidad y Consumo, Biblioteca Nacional, Facultad de Farmacia, Departamento de Recursos Humanos, Área de Gestión Administrativa, Partido Conservador.


Como se ve en los ejemplos, no llevan mayúscula los artículos, las conjunciones coordinantes ni las preposiciones sin relevancia semántica. Sin embargo, existen casos en los que las preposiciones sí tienen relevancia semántica y pueden escribirse con mayúscula: Médicos Sin fronteras (MSF), Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

También se escriben con iniciales mayúsculas las denominaciones de carácter antonomástico —como Cámara Alta, por el Senado— y las menciones abreviadas de determinadas instituciones o entidades: la Católica, por la Universidad Católica; la Nacional; por la Biblioteca Nacional, etcétera.

Por último, se escriben con inicial mayúscula los sustantivos que, además de sus usos como nombres comunes, tienen acepciones en las que designan entidades, organismos o instituciones: la Administración, la Bolsa, el Ejército, el Estado, el Gobierno, la Iglesia, la Policía, la Universidad, etcétera. Pero cuando se utilizan como nombres comunes o con valor colectivo o para referirse a grupos concretos de individuos, estos sustantivos llevan inicial minúscula: Están construyendo una iglesia protestante; Casi toda la universidad participó en las protestas; La policía llegó rápidamente al lugar (ejemplos tomados de la Ortografía). duda, a todos nos ha pasado tener que detenernos y pensar dos —o más— veces en qué función cumplen estos sustantivos en un enunciado concreto, para decidir si les corresponde la mayúscula institucional señalada por la Academia o no.

Títulos
A diferencia de la convención en inglés, en español se escribe con inicial mayúscula solo la primera palabra del título de libros, cómics, películas, cuadros, esculturas, piezas musicales, programa de radio y televisión, etcétera, ya que el título queda delimitado por el uso de la cursiva obligatoria. Y según la Academia: «Cuando se cita o transfiere un título de otra lengua a un texto en español, puede seguirse sin más la norma española y escribir con mayúscula inicial únicamente la primera palabra: Cavalleria rusticana, Lost in translation, Manhattan transfer, Pulp fiction, West side story, Un chien andalou. No obstante, podrán respetarse, si se conocen, las reglas que rijan en la lengua en la que esté escrito el título».

En cambio, todas las palabras significativas que forman parte del título de diarios, revistas, boletines, etcétera, se escriben con inicial mayúscula: Nueva Revista de Filología Hispánica, Muy Interesante, Biblioteca Románica Hispánica, etcétera.

También se escriben con mayúscula inicial todos los sustantivos y adjetivos que forman parte del título de documentos oficiales o históricos (tratados, convenciones, acuerdos declaraciones) y de textos o documentos legales o jurídicos (fueros, códigos, órdenes, leyes, decretos): la Convención de Ginebra, la Declaración Universal de los Derechos Humanos; Código Civil, Ley para la Ordenación General del Sistema Educativo, Ley 40/1998, de 9 de diciembre, del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y otras Normas Tributarias.

Con respecto a esto último, se hace la salvedad de que se puede limitar la mayúscula al primer elemento cuando la descripción de la ley que constituye su título es demasiado extensa: Ley 17/2005, de 19 de julio, por la que se regula el permiso y la licencia de conducción por puntos y se modifica el texto articulado de la ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial. Y cuando no se utiliza el título oficial, ni completo ni abreviado, sino el nombre común con el que se designa cada tipo de documento legislativo, este se escribe con minúscula: Así se reconoce en el apartado 4 del artículo 5 de esta ley; ley de extranjería, ley electoral, ley del talión. Deben tener en cuenta, como se observa en el primer ejemplo, que las palabras artículo, apartado o inciso y sus abreviaturas también deben llevar minúscula inicial, a pesar de lo que suele ser costumbre en textos especializados.

También se escriben con inicial mayúscula todas las palabras significativas que constituyen el nombre o título de programas, planes y proyectos: Plan de Fomento de la Lectura, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Y «si el título está constituido por una descripción de la naturaleza del plan o proyecto y resulta demasiado extenso, la mayúscula se limita a la primera palabra: Proyecto para la delimitación y el estímulo del talento musical precoz en niños menores de seis años». ¿Ya nos duele la cabeza, no?

Puntos cardinales
Hoy, la recomendación académica es escribir siempre con minúscula las denominaciones de los cuatro puntos cardinales (norte, sur, este, oeste) y de los puntos del horizonte (noroeste, sudeste). Esto es así tanto si se emplean en términos absolutos como si designan la orientación o la dirección correspondientes: rumbo al Norte, hemisferio sur, el sureste de la ciudad, viento del noroeste. Así, se actualizó la anterior regla académica, de lo más engorrosa, que nos obligaba a distinguir ejemplos como los siguientes: La nave puso rumbo al Noroeste; rumbo nornoroeste, según nos refiriéramos al punto cardinal o del horizonte, o a la dirección u orientación correspondientes, distinción no siempre tan fácil de establecer para un simple mortal.

Enfermedades y medicamentos
Los nombres de enfermedades se escriben con inicial minúscula: cáncer, diabetes, sida, etcétera. Y si incluyen un complemento preposicional con el nombre propio del descubridor o investigador, se mantiene la mayúscula en el nombre propio, pero el genérico se escribe en minúscula: enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson, síndrome de Down, mal de Chagas. Pero cuando el nombre propio pasa a designar por sí solo la enfermedad, se convierte en un nombre común y debe escribirse con minúscula y someterse a las grafías propias del español: Su padre tenía párkinson, Trabaja en una fundación para la investigación del alzhéimer.

Por su parte, los nombres comunes bajo los cuales se comercializan los medicamentos genéricos se escriben con minúscula: paracetamol, ibuprofeno; mientras que los nombres comerciales registrados de los medicamentos deben escribirse con mayúscula inicial: Prozac, Nolotil. No obstante, según la Ortografía, «aquellos nombres comerciales de productos farmacéuticos que pasan a designar cualquier producto con las propiedades esenciales del original funcionan, a todos los efectos, como nombres comunes y se escriben con minúscula: ¿Tienes una aspirina? [= cualquier analgésico, especialmente si está compuesto de ácido acetilsaliclínico; de Aspirin, marca registrada]».

Días de la semana, meses y estaciones
Los días de la semana, los meses y las estaciones se escriben siempre con minúscula, a diferencia de lo que ocurre en idiomas como el inglés. Esto puede parecer una obviedad para muchos, pero es un error que se observa con mucha frecuencia en distintos textos y no podemos dejarlo de lado.

Impuestos y tasas
Las denominaciones de impuestos y tasas también se escriben siempre con minúscula: impuesto sobre el valor agregado, impuesto sobre la renta, ingresos brutos.

Hemos tratado de describir y ejemplificar solo algunos de los casos de duda frecuente, si bien los usos convencionales de la mayúscula no se limitan a estos, por supuesto. Lo fundamental es saber que se trata, justamente, de convenciones propias de cada lengua, que debemos conocer y seguir tanto al traducir como al corregir o escribir nuestros propios textos. Y en cuanto al español, ante la duda, cuando no existe una norma que indique lo contrario, se recomienda siempre inclinarse por la minúscula.

María Cielo Pipet

La importancia del testing

Ya hablamos sobre varios temas relacionados con la localización. Pero uno que se merece un capítulo aparte es el testing, ya que pocos traductores saben a ciencia cierta de qué se trata y puede ser un gran valor agregado a nuestra oferta de servicios lingüísticos, como etapa infaltable en todo proyecto de localización propio o como tarea independiente cuando trabajamos con colegas.

Hacemos testing de herramientas de software, sitios web y videojuegos cuando revisamos la traducción en el formato final. Es decir, el grupo de desarrolladores o los encargados de ingeniería (o, en pocos casos, un traductor que sepa hacerlo) vuelven a compilar el producto en su versión localizada para comprobar que no haya errores antes de lanzarlo al mercado. Por lo general, se toman muestras de pantalla de los cuadros de diálogo, menús, submenús, etcétera, con errores (o bugs) y se genera un informe que incluye el número de error, el número de cadena (o string), el texto con el error, la versión corregida, el comentario pertinente, entre otros, para que luego los corrijan los desarrolladores a cargo del proyecto. También nos puede tocar que nos envíen las capturas de pantalla y debamos marcar los errores en ellas.

A pesar de que algunas de sus características se superpongan en la práctica, hay tres tipos de testing: cosmético, lingüístico y funcional. En el testing cosmético, se busca que no haya cadenas sin traducir o texto solapado o truncado y que no se repitan los atajos del teclado en el mismo menú. En el testing lingüístico, se pone atención en que no haya caracteres dañados, errores ortográficos o contenido faltante; también se revisa la coherencia lingüística y terminológica (aunque no debería haber ningún error de este tipo, ya que esto se comprueba en la etapa de revisión) y que se respeten las convenciones locales. En el testing funcional, entre otras tareas, se verifica que funcionen correctamente los menús y los submenús, que el software se instale y se desinstale sin problemas, que se apliquen las opciones regionales y que funcione con teclados localizados.

Las herramientas de localización de software, al igual que las memorias de traducción con documentos de MS Office, nos permiten ver en tiempo real cómo van quedando los cuadros de diálogo y los menús a medida que vamos traduciendo. También nos permiten, si el software está correctamente internacionalizado, agrandar el tamaño de los botones, por ejemplo, para que su contenido se lea correctamente. Esta función se llama WYSIWYG (What You See Is What You Get, ‘lo que ves es lo que obtenés’) y resulta muy útil para evitar que se acumulen muchos errores, pensando en la etapa de testing. Alchemy Catalyst, SDL Passolo y Sisulizer ofrecen esta función.

Estos son algunos errores que se suelen detectar en la etapa de testing, si no antes…

En el sitio web www.hotmail.com, encontramos que «example» quedó sin traducir. Lo más acertado hubiese sido «alguien@ejemplo.com» (incluso «alguien@ejemplo.com.ar» hubiese sido una buena localización para la Argentina).

A continuación, vemos ejemplos de software. En el menú del ejemplo de la izquierda, quedaron opciones sin traducir; en el de la derecha (y este tiene varios errores), se asignaron los mismos atajos para diferentes funciones del mismo menú.

Este error lo encontramos en el juego PES 2012 de PS3. Es más un error de traducción que de testing propiamente dicho, pero no debería haber pasado esta etapa, ya que no existe un «botón opcional». Lo que debemos hacer acá es presionar cualquier botón para comenzar a jugar.

Como vimos, el testing es una etapa fundamental para que todo proyecto de localización sea satisfactorio y permite dar el visto bueno final para que el producto en cuestión esté libre de todo tipo de errores.

Matías Desalvo

Consejos y herramientas para gestionar nuestro tiempo

Todos, sin excepción, tenemos un recurso limitado: el tiempo. El día tiene 24 horas para todos, incluso para los traductores autónomos. Entonces, si todos los seres humanos contamos con la misma cantidad de tiempo, ¿por qué nunca nos alcanza?

Básicamente, lo que nos diferencia son las decisiones que tomamos y cómo manejamos las prioridades, ya que estas impactarán en el resultado directo: cómo aprovechamos o desperdiciamos momentos.

Gestionar adecuadamente nuestro tiempo es casi tan importante como la calidad de los proyectos. Si tenemos trabajo, pero no el tiempo suficiente para cumplir con él, lo único que conseguiremos será perder clientes y dinero. Por eso mismo, es importantísimo controlar nuestro tiempo y saber hacer frente a las actividades profesionales de la mejor manera posible. Entonces, ¿cómo adueñarnos de nuestro tiempo? Acá les dejamos algunos consejos.

Definir objetivos y crear listas de tareas

Si fijamos objetivos diarios, semanales, mensuales o anuales y los anotamos, podremos seguir un camino coherente, sin desviarnos de él. Para ello, primero, tendremos que pensar adónde queremos llegar o qué queremos conseguir.

Además, tener una lista de tareas es increíblemente útil para trabajar de manera productiva y cumplir a tiempo con nuestros propósitos. Esta lista nos permitirá aprovechar mejor el tiempo, ya que a cada paso sabremos qué debemos hacer y cuánto nos llevará.

Controlar el tiempo dedicado a cada tarea

Si somos conscientes del tiempo que dedicamos a cada tarea, aprenderemos a ser más eficientes. Podremos dejar de destinar horas a algunas actividades superfluas para utilizarlas en cosas productivas. No perder el tiempo ni desperdiciar energía es clave. Para ello, debemos planear rutinas diarias de manera eficaz. Es preciso controlar o limitar el tiempo dedicado a las redes sociales y se recomienda plantear horas de trabajo estándar, por ejemplo, ocho horas de lunes a viernes. De esta manera, sabremos distinguir entre el trabajo y nuestro tiempo libre. Otro punto importante es dedicarle tiempo al ocio. Si bien hay que cumplir con un horario, el descanso entre tareas nos permitirá ser más productivos y cuidar nuestra salud. Lograremos aclarar las ideas y volver a trabajar renovados.

El orden y la limpieza son clave

Contar con todos los elementos necesarios para nuestro trabajo y saber dónde se encuentran es fundamental. Si nuestro escritorio es un mar de papeles, cartas y lapiceras, es hora de actuar. A comprarse un lindo lapicero, poner un cesto de basura cerca y separar los papeles en alguna bandeja o carpeta clasificadora. Este orden se debe trasladar al escritorio digital. La PC es nuestra herramienta de trabajo y, por lo tanto, debe estar tanto o más ordenada que el escritorio físico. Debemos mantener carpetas clasificadoras y no desparramar los archivos por el Escritorio; gestionar nuestro correo electrónico de manera clara y concisa; crear carpetas y reglas de mensajes para distribuir estos correos y poder discriminar por orden de importancia, prioridad o urgencia. Además, es imprescindible contar con sistemas de copia de seguridad en caso de que pase algo con el equipo.

Usar herramientas de gestión de tiempo

Existen varias herramientas informáticas que nos permiten gestionar nuestro tiempo. Los tipos de herramientas que se pueden utilizar son interminables. Una buena idea es probar varias y decidir cuál es la que se ajusta a nuestras necesidades.

Una aplicación muy fácil de utilizar es TimeStamp, en cualquiera de sus dos versiones. La versión más sencilla es la de Orange Lamp. Esta nos permite calcular exactamente el tiempo dedicado a una tarea en especial. Simplemente, debemos presionar Iniciar (Punch In) antes de comenzar y automáticamente el programa empezará a registrar todas nuestras actividades.

Si presionamos Ajustes (Settings), podemos configurar la manera en que nuestro programa registrará las acciones realizadas en la máquina.

Al finalizar nuestra jornada laboral, simplemente debemos presionar Exportar (Export) y se abrirá una ventana con dos solapas. La primera nos permitirá indicar de qué fecha a qué fecha será la exportación, y la segunda, el formato y en qué tipo de archivo.

De esta manera, se crean registros diarios de nuestras actividades, los que luego nos servirán para el análisis de nuestro trabajo o para facturar sobre la base de las horas trabajadas.

Si necesitamos un proceso más complejo, podemos usar la versión de Syntap.

Aquí, utilizando la barra de herramientas, podemos comenzar un nuevo proyecto, abrir un proyecto ya utilizado, imprimir los datos, etcétera. Para comenzar a registrar la actividad, debemos presionar el símbolo del reloj. Si decidimos hacer una pausa, el símbolo del teléfono permite marcar la pausa seleccionada. Con el símbolo pesos, podemos definir la tarifa que aplicaremos por hora. Una vez terminada la jornada laboral, simplemente presionamos el botón  Timing y podemos ver la información obtenida en pantalla.

Si deseamos guardar la información, podemos exportar a un archivo de hoja de cálculo, por ejemplo.

Si nuestra actividad exige algo aún más complejo y detallado, podemos usar Auto Time Sheet. Esta aplicación funciona de manera similar a las anteriores. La diferencia es que registra todo lo que hacemos en el equipo de manera detallada y nos permite saber qué programas, qué archivos y qué páginas web utilizamos, y cuánto le dedicamos a cada tarea. Al igual que en las demás aplicaciones, podemos crear proyectos, abrir proyectos ya utilizados, almacenar la información mediante la exportación a archivos de hoja de cálculo o detener el contador cuando deseemos hacer una pausa.

Otra utilidad recomendable es Klok. También funciona de manera similar a las anteriores, ya que nos permite visualizar y distribuir el tiempo para cada tarea. Además, proporciona informes para analizar el rendimiento y uso de nuestro tiempo. Es un software multiplataforma, de ahí que se pueda utilizar en Windows, Linux y Mac. Tiene su versión premium, pero la versión gratuita nada tiene que envidarle. Y como si fuera poco, cuenta con una plataforma móvil para el sistema Android, para los que necesitan controlar su trabajo desde cualquier lugar.

Otra herramienta muy útil es Paymo, que nos permite verificar el tiempo invertido en cada tarea y, en función de esto, generar la facturación sobre montos preestablecidos. Ofrece una versión paga y otra para los trabajadores autónomos, que es gratuita. Todo el proceso es a través de la Web y también contamos con widgets para Windows o Mac

 

Si luego de utilizar estas utilidades descubrimos que los culpables de la pérdida de tiempo son algunos programas de juegos o ciertas páginas web, podemos descargar aplicaciones para restringir el acceso a ciertos ejecutables. Existen varias opciones, por ejemplo, un sencillo software llamado Applocker, que permite bloquear el acceso a determinadas aplicaciones de Windows.

O algunos más complejos, como Temptation Blocker, que permite elegir qué programas bloquear y durante cuánto tiempo, definiendo horas y minutos. Al pulsar el botón Get Work Done!, la aplicación se minimizará al área de notificación. Cada vez que deseemos cargar un programa bloqueado o abrir una página web bloqueada, aparecerá en su lugar un recordatorio del tiempo que queda para que podamos usarlo otra vez. Esto solo se desactiva al escribir un código de 32 caracteres.

Existe, además, un programa especial para Firefox, LeechBlock, que permite anular los dominios especificados en los horarios y días seleccionados.

 Todo esto nos permite entender que la clave reside en saber cómo usamos el tiempo cada día para poder controlarlo de manera adecuada. A poner en práctica los consejos, a usar las herramientas recomendadas y a no olvidarse de controlar el tiempo y calcular su importancia, tener a mano la agenda, priorizar y aprender a decir que NO.

Lorena Roqué

 

Llega la primera Jornada Integral de Capacitación para Traductores

Con el propósito de fomentar la capacitación constante y la especialización de quienes nos dedicamos al mundo de la traducción, el 25 de agosto, Morett los invita a la primera Jornada Integral de Capacitación para Traductores que realizará en la ciudad de La Plata.

Bajo el lema «Todo lo que necesitás saber, en un solo lugar», nos hemos propuesto reflejar los principales temas que ocupan la vida del traductor local: la capacitación a distancia, la lengua española, la tecnología y el marketing profesional.

La jornada comenzará con un tema clave: «Ventajas de la capacitación a distancia». Creemos que el constante desarrollo profesional es fundamental y, por eso, la capacitación a distancia ha evolucionado a pasos agigantados y se ha convertido en una de las principales razones para dejar de poner excusas a la hora de seguir formándonos. Las frases «no tengo tiempo», «es muy lejos», etcétera, han quedado obsoletas. Con la capacitación a distancia, cada uno va a su propio ritmo y puede acceder al material en el momento en el que le resulte cómodo, a través de Internet, sin horarios fijos. Los invitamos a descubrir las ventajas de esta nueva tendencia ya instalada entre nosotros.

A continuación, nos meteremos de lleno en el maravilloso mundo de la lengua española y la corrección. La traductora pública María Cielo Pipet compartirá con nosotros su presentación «Formación y herramientas para correctores-traductores». La palabra escrita domina gran parte de nuestra actividad. Solemos concentrarnos principalmente en el contenido y la terminología del texto por traducir, pero no debemos olvidar también su forma. Así, el trabajo de revisores y correctores es fundamental en esta compleja profesión. En esta charla, Cielo nos mostrará cómo la revisión y corrección de traducciones puede convertirse en nuestra especialización y nicho de trabajo. Además, veremos cómo podemos formarnos para la tarea, cómo cotizar trabajos de estas características y qué herramientas tenemos a nuestra disposición.

Tras el receso, cambiaremos radicalmente el enfoque y nos introduciremos en el mundo de la tecnología. El traductor público Damián Santilli nos hablará de «Internet, una fuente inagotable para traductores». ¿Escuchaste hablar del cloud computing o la computación en nube? Es hora de ponernos serios y empezar a comprender el verdadero significado de este tema. El cloud computing está instalado en nuestras vidas y ha venido para quedarse. Pero, sin embargo, muchos aún se preguntan ¿qué es y por qué vale la pena su uso? Damián nos contará cómo el traductor puede aprovechar esta nueva tecnología para beneficiarse en sus tareas diarias, reducir costos, obtener más accesibilidad y más seguridad. Además, nos mostrará el abanico de posibilidades informáticas que un traductor puede encontrar en Internet y cómo estas aplicaciones nos facilitan el trabajo.

Dentro de la misma temática, pero cambiando el eje, después del almuerzo, el traductor público Matías Desalvo nos presentará «Mis memorias (de traducción)», una charla para sumergirnos en el entorno de las herramientas TAO. En esta oportunidad, Matías realizará una comparación de las diferentes aplicaciones: SDL Trados Studio, Trados 2007, SDLX, memoQ y OmegaT. Se pondrán de relieve los diversos recursos que podemos encontrar en cada una de estas herramientas, sus diferencias y similitudes, para luego poder decidir cuál será la más apta para nuestro sistema de trabajo. Entre las comparaciones, podemos mencionar las diferentes maneras de analizar archivos, los formatos que se aceptan, las interfaces, la interacción con herramientas de terminología y de control de calidad, la forma de generar los documentos meta, los precios, entre otros. Si están buscando su próxima herramienta TAO, no pueden perderse esta explicación.

Después de la última pausa del día, la traductora pública Lorena Roqué nos presentará un pantallazo del amplio universo del marketing profesional. La ardua tarea de buscar nuevos clientes, ya sea dentro o fuera del mundo de Internet, cuando somos traductores autónomos, no es sencilla y debemos tomarla tan seriamente como sea posible. Cuando tenemos la sensación de que no hay manera de acercarse a nuevos clientes, probablemente no los estamos buscado en el lugar correcto. Para poder comenzar con esta tarea, debemos tener en claro ¿quién es nuestro cliente?, y, a partir de ahí, desarrollar estrategias para que el cliente nos elija. En la charla «Cómo conseguir clientes en 5 pasos», Lorena nos ofrecerá algunos consejos que debemos tener en cuenta para buscar y encontrar clientes con el perfil adecuado.

Para dar cierre a esta jornada, realizaremos un sorteo entre los asistentes con premios muy interesantes

No se olviden, la cita es el 25 de agosto en la Caja de Psicólogos de la Provincia de Buenos Aires, en La Plata. Será para nosotros todo un placer contar con su presencia en nuestra primera jornada.

No duden en enviarnos cualquier inquietud a jornadas@morettweb.com.ar. También pueden sumarse al evento en Facebook, donde encontrarán más información sobre la jornada y los oradores.

El equipo de Morett

Cómo elegir el teclado y mouse perfectos

En nuestra tarea diaria, los traductores dedicamos, o deberíamos dedicar, una enorme cantidad de tiempo a buscar sitios web de consulta y a mejorar el manejo de las diversas aplicaciones informáticas que nos ayudan a optimizar nuestras horas laborales y a mejorar la calidad de nuestro trabajo. No obstante, existen dos pequeños elementos a los que no se les suele dar demasiada importancia y que, sin embargo, son las principales herramientas de trabajo del traductor: el teclado y el mouse. En este artículo, vamos a repasar algunas de las diferentes opciones que hay en el mercado, para elegir lo que más nos guste y mejor se adapte a nuestro entorno laboral.

Mouse

En el pasado, nos dábamos cuenta de que era el momento exacto para cambiar el mouse cuando la bolita que estaba adentro se llenaba de una cantidad de tierra que nos daba miedo limpiar. Pero ahora, todos los mouse que tenemos para elegir son ópticos; entonces, el enfoque tiene que estar en el tamaño y en el agarre. Obviamente, podemos quedarnos con nuestro típico mouse Genius de treinta y pico de pesos, pero con unos cuantos billetes más podríamos llegar a una de las mejores inversiones de nuestra vida en materia de hardware para trabajar.

Como dijimos, vamos a enfocarnos en el agarre para comprender un poco acerca de las diferentes opciones disponibles en el mercado y entender qué músculos entran en acción al usar el ratoncito (lo cual también es extremadamente importante). Tenemos dos tipos para analizar, luego solo quedará elegir el tamaño que mejor se adapte a nuestras preferencias (y manos).

Con toda la palma. Si queremos tener un control máximo sobre el mouse, aquellos que nos permiten tomar todo el aparato con la mano son los ideales para nosotros. En este tipo de mouse, apoyamos toda la mano y usamos la palma para moverlo. La mayor parte del esfuerzo la realizan la muñeca y el antebrazo. Este agarre es más rápido que otros tipos y más cómodo, aunque no es tan preciso; pero, de todos modos, los traductores preferimos rapidez y no precisión al extremo. Quizás, si fuésemos diseñadores gráficos, no nos servirían tanto. Dos ejemplos de este tipo de mouse son el Microsoft Intellimouse Explorer, que se consigue por 190 pesos; y, en la gama alta, el Razer Lachesis, que cuesta 315 dólares.

La garra. Otro agarre muy común entre los mouse es el que convierte la mano en una garra a la hora de trabajar: la palma reposa en la parte trasera del mouse, pero los dedos están arqueados en forma de garra y se usan el pulgar, el anular y el meñique para tener más control. Este agarre es más preciso que el anterior, pero requiere de mayor tensión en la mano. Este tipo de hardware suele ser más largo y con lados rebordeados que permiten que levantemos el mouse y lo movamos. Dos ejemplos de este tipo son el A4Tech F3, que cuesta 239 pesos; el Logitech Performance Mouse MX, que se consigue por unos 900 pesos; y el Razer Deathadder, que cuesta 500 pesos y está orientado a la comunidad gamer.

Además de estos dos tipos, existen los minimouse que se utilizan frecuentemente para llevar con las computadoras portátiles, pero que no son aptos para el trabajo profesional, dado que no permiten descanso de la palma de la mano.

Teclados

El objetivo principal de los teclados es escribir, nada más que eso, y, si bien lo podemos hacer sin ningún tipo de problema con un simple teclado Genius de 52 pesos, podemos lograr mucho más si invertimos más dinero en esta herramienta de trabajo a la cual no le sacamos las manos de encima en ningún momento, literalmente. A continuación, vamos a analizar algunos detalles interesantes que podemos considerar a la hora de buscar un teclado un poco más sofisticado.

Ergonomía. Como ya dijimos, el teclado, al igual que el mouse, es una de las principales herramientas de todo traductor y lo utilizamos todo el tiempo. Por eso, es necesario asegurarse de que no genere una tensión extra en los músculos. Los teclados ergonómicos nos obligan a alinear las muñecas de una forma mucho más cómoda, aunque no es fácil acostumbrarse a usarlos. Tengamos en cuenta que, si compramos un teclado así, como el Microsoft Natural Ergonomic Keyboard 4000, de unos 390 pesos, tendremos que estar bien dispuestos a acostumbrarnos a esta nueva disposición.

Además de la posición de las manos, es importante considerar la altura de las teclas. La mayoría de los teclados tienen las teclas elevadas que todos conocemos y usamos hace mucho tiempo, pero cada vez aumenta más la popularidad de los teclados con las teclas planas, como los de las notebooks. Un ejemplo de este tipo de teclados es el Logitech DiNovo, que cuesta 320 pesos. Otra opción muy popular en la actualidad, si tenemos ganas de gastar un poquito más de dinero, son los teclados de la marca SteelSeries, como el 6g V2, que se consigue por 700 pesos. Estos teclados son mecánicos, lo que los hace mucho más resistentes que los teclados habituales con resorte con goma en las teclas. Son bastante más robustos que los otros tipos de teclados, lo que significa que las teclas son más pesadas, pero mejores que las tradicionales. Las teclas no se mueven lateralmente y es poco probable que alguna se quede trabada.

Teclas de función adicionales. Otro factor que puede ser muy útil a la hora de pensar en un teclado es la cantidad de teclas adicionales que puede tener que nos permitan manejar programas y otras funciones de la computadora directamente desde el teclado. Suelen ser muy interesantes a primera vista, pero la realidad es que también existen muchas maneras de configurar atajos de teclado sin necesidad de tener veinte teclas adicionales. Un buen ejemplo de este tipo de teclados es el Microsoft 3000 Media Digital, que cuesta 150 pesos.

¿Inalámbricos? Sí, por favor. Para terminar, aclaramos que en la actualidad casi todos los dispositivos vienen en su versión inalámbrica y, sin dudas, tener menos cables a la vista para enredarnos en nuestro entorno laboral es algo altamente favorable. Por eso, el teclado y el mouse no deben ser la excepción. Una vez que elegimos el tipo de teclado y mouse que queremos, vamos a buscar su versión inalámbrica para mejorar nuestro trabajo todavía más.
Algunos de los ejemplos de mouse y teclados que hemos dado hasta ahora eran inalámbricos, pero, para cerrar la nota, les recomendamos el juego Logitech de teclado y mouse inalámbricos), que pueden conseguir por 379 pesos; el juego Microsoft 5000 (mi preferido), que cuesta 449 pesos; o este otro de Logitech, el Desktop Mx 5500, de una gama mucho más alta y de unos 2500 pesos.

Damián Santilli

Fuente: LifeHacker

Errores frecuentes en el uso de cifras en la escritura de las expresiones numéricas

Como profesionales de la lengua, no podemos darnos el lujo de desconocer las normas detrás de nuestra principal herramienta de trabajo. Además, como traductores, debemos dominar no solo la lengua extranjera, sino también la lengua materna: en este caso, el español. Esto parece una obviedad, pero la práctica demuestra que, ya sea por falta de tiempo o por simple desconocimiento, la normativa del español se suele perder en el laberinto de los cortos plazos de entrega, las herramientas tecnológicas que necesitamos, la precisión terminológica y las exigencias —y caprichos— de los clientes.

Es posible que a nuestro cliente poco le importen ciertos detalles normativos o que tenga sus propias «normas» y preferencias, pero ofrecerle un servicio de calidad implica cuidar conscientemente tanto el contenido como la forma. Además, para romper una norma, primero hay que conocerla. Así, el objetivo de esta nota es servir como el primero de una serie de «recordatorios» sobre ciertas normas del español que no deberíamos olvidar.

Una fuente inagotable de errores tanto en traducciones como en originales en español es el uso de cifras para escribir expresiones numéricas, que —sin duda— es la preferencia en los textos científicos, técnicos y periodísticos, entre otros.

Basta abrir cualquier diario (ya sea en papel o en línea) o sitio de noticias al azar, por ejemplo, para encontrar múltiples símbolos y cifras, cuyo empleo no siempre (¿rara vez?) respeta las normas académicas o las internacionales, ya sea por desinformación, descuido o desinterés.

Veamos algunas dudas frecuentes, con ejemplos reales tomados de diarios argentinos.

Números enteros
En primer lugar, los números enteros de hasta cuatro cifras se escriben siempre sin punto, coma ni espacio de separación. Y sin embargo, es muy común encontrar ejemplos incorrectos como estos: «Otro ensayo clínico realizado en 4.758 parejas heterosexuales, en la que uno de los integrantes tenía VIH y el otro no, demostró que Truvada era capaz de reducir un 75 por ciento las infecciones en comparación con quienes recibieron un placebo» (Clarín); «La Bolsa de Londres terminó con un repliegue de 0,99% a 5.664,43 puntos» (Infobae).

En segundo lugar, según la normativa internacional, en los números de más de cuatro cifras, dichas cifras se agrupan de a tres, empezando por la derecha; y entre los grupos se coloca un espacio en blanco. En la última Ortografía, la Academia indica que este espacio es «fino» (un poco más chico que el normal), si bien otros autores hablan del espacio «fijo» para estos casos. Justamente, en procesadores de texto como Word —una de nuestras principales herramientas de trabajo—, la solución que el usuario promedio encuentra es un espacio «fijo», «duro» o «de no separación» (non-breaking space), que evita la separación a final de línea, y en dicho programa se logra con el atajo Ctrl+Mayús+Barra espaciadora. La Academia también explica que esta separación con espacios no debe emplearse en documentos contables ni en ningún otro donde se pueda poner en riesgo la seguridad, debido a la posible alteración de la cifra. Y si buscamos ejemplos de cifras complejas en la mayoría de los diarios, encontraremos que esta norma internacional no se aplica, sino que se sigue usando el punto (o la coma, según el país): «El presupuesto votado por el Parlamento fijó una pauta de gastos por $ 505.129 millones y de ingresos por $ 668.290 millones para este año» (La Nación).

Números decimales
Para separar la parte entera de la decimal, la normativa internacional prefiere el uso de la coma, si bien se admite el uso del punto, según el país. Con respecto a esto, dice la última Ortografía: «En el ámbito hispánico, el uso de cada uno de estos signos se distribuye geográficamente casi a partes iguales: la coma se emplea en la Argentina, Chile, Colombia, el Ecuador, España, el Paraguay, el Perú y Uruguay; mientras que se usa el punto en México, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, la República Dominicana y Venezuela, así como entre los hispanohablantes estadounidenses; hay también países, como Bolivia, Costa Rica, Cuba y El Salvador, donde se utilizan ambos». Y luego, curiosamente, agrega: «Con el fin de promover un proceso tendente hacia la unificación, se recomienda el uso del punto como signo separador de los decimales», lo que representa un cambio de postura con respecto a obras anteriores y una recomendación injustificada desde el punto de vista de las normas internacionales y de la norma culta de muchos países, como la Argentina.

Combinación de cifras y palabras
En el caso de  las cantidades que tienen como base un sustantivo como millar, millón, millardo, billón, trillón y cuatrillón, es posible mezclar cifras y palabras para abreviarlas: 12 millares, 250 millones, 2,3 millardos, 10 billones, 2 cuatrillones. Por ejemplo: «De acuerdo a datos oficiales, Argentina produjo en la campaña 2011-2012 un total de 20,1 millones de toneladas de maíz, de las cuales se exportaron 12,55 millones de toneladas» (Infobae).

Esto es incorrecto, en cambio, para las cantidades expresadas en miles, «porque mil no es un sustantivo (la forma sustantiva es millar), sino que forma parte de adjetivos numerales compuestos de dos palabras, en cuya escritura no deben mezclarse cifras y letras; así, no debe escribirse 154 mil personas o 12 mil millones, por la misma razón que no escribimos 30 y siete ni cincuenta y 4». Con frecuencia, observamos errores como el siguiente: «Al menos unas 250 mil personas se acercaron a la pequeña localidad correntina para celebrar su 112° aniversario de la Coronación Pontificia» (Clarín). Esto también es muy común al traducir el billion norteamericano, ya que tendemos a copiar la mezcla de cifras y letras del original (12 billion = *12 mil millones) o nos enredamos tratando de hacer el cálculo para dar con la cifra correcta cuando, para colmo de males, nos encontramos con decimales.

Símbolos y cifras
Otra fuente de múltiples dudas y errores está relacionada con la combinación de símbolos y cifras. Algunos de los símbolos más comunes son los de las unidades de medida, el de porcentaje, el de grados, los de monedas, etcétera.

Normalmente, se escriben pospuestos a la cifra a la que acompañan y separados de ella por un espacio. Y hasta la publicación de la última Ortografía, la única excepción eran el símbolo de porcentaje y los símbolos y números volados (superíndices), como el de grados cuando no se especifica la escala (12º, pero 12 ºC), que debían escribirse pegados a la cifra. Sin embargo, en el año 2010, la Academia se adaptó a la norma internacional y a lo que ya defendían autores como José Martínez de Sousa: «Aunque el símbolo % (que se lee por ciento en español) se ve frecuentemente escrito sin separación de la cifra que lo precede, la norma establecida por la Oficina Internacional de Pesos y Medidas determina que se escriba precedido de un espacio. Para evitar que la separación resulte excesiva, puede utilizarse un espacio fino». Una vez más, encontramos la mención del espacio «fino», que —como ya vimos— sería «fijo» o «duro» en informática.

Así, lo que hasta entonces era un error, al menos según la norma académica, hoy es norma: «Después de las debacles de este año, que dejaron tambaleantes a los países capitalistas, China confirmó la desaceleración de su economía al registrar sólo un 7,6 % de crecimiento en el segundo trimestre del año, la peor tasa en tres años» (Clarín). El artículo periodístico completo del que se tomó esta última cita mezcla ambas grafías arbitrariamente, y hoy lo que deberíamos hacer si tuviéramos que corregirlo sería separar todos los símbolos de porcentaje de las cifras a las que acompañan, a diferencia de lo que hubiéramos hecho hace unos años si elegíamos seguir a la Academia.

Para terminar, los símbolos monetarios también son un dolor de cabeza recurrente para muchos traductores y correctores. No solo solemos tener dudas con respecto a la grafía del símbolo en sí, sino que no siempre sabemos dónde debe colocarse con respecto a la cifra. Esto está muy relacionado, sin duda, con el hecho de que la grafía «correcta» varía entre países. Por ejemplo, para los símbolos de moneda no alfabetizables, en España se prefiere la escritura pospuesta y con un espacio, como para el resto de los símbolos: 50 €, 3 £. Pero en América, estos símbolos suelen escribirse antepuestos y sin espacio: €50, £3. Por otro lado, «los símbolos trilíteros de las monedas se escriben siempre con espacio de separación, tanto si aparecen antepuestos como pospuestos: 63 EUR, USD 45». Y a continuación, con respecto al símbolo de la moneda estadounidense, la Academia hace una advertencia interesante, ya que es una duda frecuente entre todos nosotros: «No es adecuado el uso de híbridos como US$, obtenidos por combinación de los símbolos alfabetizables y no alfabetizables. Si se desea especificar el país al que pertenece la divisa, lo indicado es el uso del símbolo trilítero», puesto que el símbolo $ representa la moneda de diversos países.

En un ejemplo como el siguiente, deberíamos hacer varios ajustes: «El Ibex 35 de la Bolsa de Madrid perdió 2,6% y acumuló una caída superior al 22% en lo que va del año. El DAX de Fráncfort recortó un 0,5 por ciento. El euro cayó a u$s1,22» (Infobae).

Estas son solo algunas de las dudas más frecuentes que surgen entre los profesionales de la lengua cuando se enfrentan al uso de cifras para escribir expresiones numéricas. Y para tomar la decisión correcta en cada proyecto y para cada cliente, debemos conocer las normas internacionales y las académicas. No siempre estaremos de acuerdo con ellas, pero no podemos ignorarlas.

María Cielo Pipet

La verdad sobre la localización

Hoy en día, se habla mucho acerca de la localización de software y de sitios web, y de la formación con la que debe contar todo traductor que se dedique a esta especialidad. Parece tratarse de una simple moda que nadie recordará dentro de un tiempo, pero lo cierto es que la localización llegó (hace varios años) para quedarse. Cada vez en mayor medida, las empresas optan por localizar el contenido de sus herramientas de software o de sus sitios web para alcanzar clientes en otros países u otros segmentos del mercado. Ahí aparece la tarea del traductor-localizador, que facilita este proceso desde diferentes ángulos. Analicemos sus mitos y realidades.

Localizar un producto conlleva mucho más que traducir archivos. Exacto. Localizar es adaptar un producto/sitio web/programa informático para que sea atractivo en el mercado meta, teniendo en cuenta no solo su idioma, sino también su variedad (no es igual el español de la Argentina que el de España), sus características culturales (nunca hay que dar por sentado, por ejemplo, que el blanco significa pureza en todo el mundo), su moneda (habrá que adaptar los precios), etcétera. También es necesario comprobar si el producto original está lo suficientemente internacionalizado (adaptado y neutralizado) para que su adaptación no presente inconvenientes técnicos. Por lo tanto, la traducción es tan solo una etapa de este proceso.

Es necesario ser un seudoprogramador para localizar software. Esto no es cierto. No se requiere dominar ningún lenguaje de programación para poder completar la etapa de traducción de un software. Todo conocimiento, claro está, es bienvenido y ayuda a que el profesional sea más completo y tome sus decisiones traductoras con mayor determinación. Sí hay que conocer sus particularidades —entre ellas, trabajar con variables, con atajos del teclado asignados mediante et (&), con cadenas (strings) fuera de contexto— y conocer las técnicas de traducción que corresponden a cada componente del programa informático. También es necesario familiarizarse con los tipos de archivos con los que podemos llegar a trabajar.

Si tengo que adaptar el contenido a otro mercado, debo ser creativo. Totalmente. En particular, al trabajar con el material de marketing o el sitio web de un programa informático. En estos casos, es importantísimo que evitemos toda traducción literal, ya que lo que es atractivo en un mercado probablemente no lo sea en otro. Vamos a encontrarnos con eslóganes, juegos de palabras, nombres de productos y nombres de funciones, entre otros desafíos, que requerirán su adaptación, y dependerá de nuestro nivel de creatividad, y del trabajo con el cliente, que el sitio sea exitoso en el nuevo mercado. También puede ser un gran aporte de calidad para nuestro trabajo que tengamos conocimientos de marketing, ya que, en gran medida, nuestro trabajo implica asesoría.

Existen miles de herramientas de localización y tengo que saber usarlas todas. La verdad es que si trabajamos en localización de software tenemos que conocer qué herramientas hay en el mercado, con el objetivo que elegir la que más se adapte a nuestras necesidades a la hora de llevar a cabo un proyecto o para poder trabajar con colegas. No es necesario conocerlas todas, pero sí saber cuáles existen (entre las más usadas, se encuentran Alchemy Catalyst y SDL Passolo) y que tienen funciones específicas de localización, diferentes de los programas de memoria de traducción, como SDL Trados o memoQ.

Una vez terminada y entregada la traducción del software, terminó mi trabajo. En realidad, no. Para que tengamos los archivos traducibles, primero un ingeniero tuvo que descompilar el programa para separar lo traducible (las cadenas) de lo no traducible (el código). Después de realizar la traducción, es necesario llevar a cabo el proceso inverso (nosotros no necesitamos saber cómo hacerlo, pero si trabajamos con clientes directos, debemos contar en nuestro equipo con alguien que sí lo sepa). Se vuelve a compilar el software con todas las cadenas traducidas y se genera una versión localizada. El paso siguiente es revisar que la interfaz y la ayuda en formato final no presenten errores lingüísticos. Esta etapa se suele denominar testing y, por lo general, se les asigna a los traductores.

Es muy difícil que pueda completar un proyecto de localización solo. Sí. Este tipo de proyectos presenta una cantidad enorme de palabras y, como se suelen localizar casi al mismo tiempo que se los desarrolla a fin de lanzar el producto en todos los mercados meta de manera simultánea, los plazos son ajustados y no alcanza con una sola persona para traducir todo el material. Asimismo, debemos contar con un equipo de profesionales que sepan hacer las diversas tareas necesarias, como la ingeniería de archivos previa a la traducción y posterior a esta, la maquetación de la documentación, la localización gráfica de las imágenes, el testing funcional, entre otras. Es muy útil conocer todas las etapas del proceso y estar capacitado para llevarlas a cabo uno mismo, pero lo ideal es trabajar en grupo para evitar errores provocados por el cansancio y por la saturación de trabajar durante varios días en un proyecto de gran envergadura.

Como vimos, la localización implica diversos desafíos interesantes que hacen que la formación del traductor-localizador deba ser constante y variada, ya que hay que mantenerse lo más actualizado posible con el avance de la tecnología y las nuevas tendencias del sector.

Matías E. Desalvo

Mitos y bondades de la capacitación

Terminar nuestra carrera, sentarnos a mirar cómo va cambiando nuestro entorno y pensar que no es necesario cambiar con él, realmente, es un pensamiento erróneo. La experiencia adquirida en los años de estudio no es suficiente para mantenerse actualizado. Los cambios constantes en el idioma y el uso de nuevas tecnologías nos presentan grandes desafíos, y nosotros, los profesionales del idioma, debemos adaptarnos a los nuevos métodos y lograr sacar provecho de los nuevos conocimientos.

Por eso, debemos aprovechar esa herramienta valiosa llamada capacitación, porque es la que nos permite desarrollar nuevas habilidades, aunque todo avance a un ritmo vertiginoso.

Al principio de nuestra vida profesional, es posible que nos resistamos a seguir capacitándonos. Aquí encontramos una primera barrera. Hemos pasado tantas horas estudiando en nuestra carrera que, cuando finalmente la terminamos, pensamos que nos merecemos un descanso, que estamos actualizados por haber dejado hace poco la vida de estudiante.

La capacitación nos ayuda a expresar todo nuestro potencial y permite llevarlo al máximo nivel. Los conocimientos nunca deben perder vigencia, por eso la capacitación debe ser permanente para lograr modernizarse y actualizarse en sintonía con las nuevas tendencias. Además, es importante tener en cuenta que las herramientas son eso: herramientas. Como tales, están ahí para asistirnos, para que todo lo que ya estudiamos, investigamos y sabemos venga a nosotros cuando más lo necesitamos, para que nos concentremos en brindar un producto con contenido de calidad.

La segunda barrera que se interpone comúnmente entre nosotros y la capitación es pensar que es un «gasto innecesario». Ya hemos aprendido todo en la universidad, ¿qué más me pueden enseñar?

Pues bien, la capacitación no es un gasto ni es cara, es una inversión para el futuro. Todos sabemos que «lo barato sale caro», por lo que podemos deducir que no capacitarse puede costarnos mucho dinero más adelante. Un traductor con más capacitación desarrolla su potencial, complementa lo que sabe con nuevas herramientas y conocimientos que despiertan su curiosidad y optimizan sus habilidades. Un traductor capacitado e informado de las nuevas tendencias puede eligir mejor qué necesita, por ejemplo, de la tecnología, para que su trabajo sea más productivo.

Realmente, la capacitación no trae más que bondades, aporta experiencia e incrementa los conocimientos. Si bien es cierto que gran parte depende del capacitador, el participante de esa experiencia es el más beneficiado si sabe aprovechar el conocimiento compartido. El capacitador es solo el instrumento que debe aprovechar el alumno para poder desenvolver sus habilidades y desarrollar sus aptitudes.

Otra gran ventaja de la capacitación es el cambio positivo que veremos en nuestro andar profesional. Comprobaremos que estamos ahorrando tiempo y dinero, ya que estamos capacitados para hacer lo que hay que hacer de manera más rápida, sin perder el tiempo en buscar el «cómo». Gracias a la productividad, incrementaremos nuestra eficacia y veremos resultados plasmados de manera más rápida.

Por último, pero no por eso menos importante, la capacitación facilita la entrega de productos de calidad, y eso nos permite mantener un negocio rentable. Entonces, antes de intentar excusas y negarnos a la capacitación permanente, pensemos que los profesionales mejor capacitados son los que realizan trabajos de mayor calidad: de manera positiva, por saber lo que están haciendo, y en menos tiempo, por saber cómo hacerlo. Por eso, podemos afirmar que los traductores capacitados son los que logran los mejores resultados. En Morett, los invitamos a que se sumen a este grupo.

Lorena Roqué